Han pasado varios años desde que vi a Samuel por primera vez. Y no pasa más de una semana sin que recuerde ese momento, la intensidad de su mirada, el impacto de sus ojos. Cómo me cautivo sin siquiera abrir la boca, solo con su presencia. La fascinación de ese instante fugaz, ha llegado hasta hoy. He olvidado muchas de las cosas que entonces creía importantes, y me parecen caducas la mayoría de las ideas y causas que entonces apoyaba con denuedo. He olvidado muchas caras y muchos nombres, he olvidado muchas de mis preocupaciones y de mis angustias, he olvidado desde luego las importantísimas noticias que había que conocer si querías seguir estando en el mundo, he olvidado las portadas de los periodicos y las revistas y los personajes de moda, todo eso es como un gran montón de hojarasca.
No así el instante en el que me encontré con Samuel, y su mirada recibió la mía. Se estaba tomando una cerveza. Duró un segundo. Esa imagen suya, es ahora como un diamante en mi corazón.
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