martes, 10 de mayo de 2011

Gigantes que son molinos, ejércitos que son rebaños.

  Ahí siguen. Y nunca pararán. Arremetiendo, embistiendo, entrando al trapo, los seguidores de la parte más chusca de Don Quijote, la de loco alucinado, que acababa de forma ridícula, enganchado a las aspas de un inocente molino, dando vueltas. Cuando Sancho iba en su ayuda, y le repetía: "¿Pero no se lo he dicho, que no eran gigantes sino molinos?", el caballero de la triste figura comenzaba diciendo: "Calla, Sancho..." y de seguido recurría a la teoría de la conspiración para explicar la realidad contumaz y obstinada que acababa de darle en los morros. Nada nuevo bajo el sol. Cervantes conocía profundamente el alma humana. Porque una puede contemplar día a día este comportamiento en personas que a raiz de sucesos inciertos, o de noticias prefabricadas y rumores, que creen a pie juntillas, se echan el yelmo, se aferran a la lanza y se aprestan a entrar en justa y singular batalla contra los feroces enemigos... que al final resultan ser unos odres de vino. Ciertamente todos hemos acabado rajando odres de vino alguna vez, creyéndonos dignos caballeros andantes. Pero cuando una hace un acto de voluntad, y un día decide apearse de ese viaje, desde el andén descubre que ese tren en el que iba no es más que una atracción de feria, y que los que se han quedado en él no van a ninguna parte, sino que dan vueltas y más vueltas, por un breve circuito, bastante cutre, muchas veces. 
   Está claro, por otra parte, que mucha gente prefiere seguir viendo los gigantes, en vez de los molinos, que prefiere creer que se las ve con un poderoso ejército, en lugar de con un apacible rebaño, porque por motivos que seguramente son de lo más variopinto, en el momento que admitan la realidad en su sencillez, con sus cuitas diarias, sin el tono heroíco de las novelas de caballería, como el Quijote, caerán en la más profunda de las melancolías, e incluso, morirán. Yo me incliné hace tiempo por la propuesta de Sancho: vámonos por ahí a pastorear por los campos de mayo, a cantar canciones y a enredarnos en amoríos...

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